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Lotería

Muy buenas noches a todos, en nombre del Instituto Mexicano para la Justicia y de los que empujamos y de los que hacen resistencia, queremos agradecer al Director General de la Lotería Nacional, Don Eugenio Garza Riva Palacio, la posibilidad de esta celebración. La Lotería Nacional y el Instituto Mexicano para la Justicia tienen el mismo origen simbólico, el padre tutelar de las dos instituciones es Juárez. Sólo que en el Instituto lo pintamos de rojo. Laicidad y republicanismo mediante, Don Benito Juárez emitió, el primero de mayo de mil ochocientos sesenta y uno, el decreto de creación de la Lotería Nacional. Entonces eran tiempos de amenazas muy graves para el país, tan graves que Juárez había declarado el estado de sitio en porciones del territorio de nuestra República. También ahora, como entonces, estaban menguadas las expectativas y las ofertas. Pese a ello, la estructura de esa institución fue impecable gracias a la moral republicana. Compartimos otro padre tutelar, Don Mariano Riva Palacio, quien a través de esta noble institución inició la recolección de fondos para construir un ferrocarril de México a Toluca. ¿Les suena? En términos de dolor, no ha cambiado nada en este país.

 

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Cuando se trata del Instituto Mexicano para la Justicia casi siempre recuerdo la frase de Fidel Castro a los norteamericanos: “No fue gracias a ustedes, no fue sin ustedes, fue contra ustedes.”

 

La imagen del Instituto Mexicano para la Justicia es la imagen de Sísifo, un mito, mito trágico porque Sísifo tiene conciencia; es el hombre enfrentado a su roca, es la imagen de todos los comienzos. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Sísifo dice: “Juzgo que todo está bien”. Estas palabras son sagradas y resuenan en el universo limitado y feroz del hombre. Enseñan que no todo ha sido agotado y hacen del destino un asunto humano, su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierten en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria. Que la roca siga rodando, cada uno de los granos de esta tierra, cada trozo de mineral lleno de oscuridad forma por sí solo un mundo. Es el esfuerzo mismo para llegar a las cimas lo que basta para llenar un corazón de hombre.

 

Una querida amiga me preguntaba hoy qué se necesita para que te saquen un billete de la lotería. Pregunta que me lleva a otra: ¿Qué hicimos en el Instituto Mexicano para la Justicia para merecer esto? Y es que el destino baraja pero nosotros jugamos y jugamos a que no se nos devuelva una imagen rota. Mi destino o mi maldito destino, mi buena o mi mala suerte pertenece al azar pertenece a la repetición o a las elecciones. En México los sucesos son tan contundentes que no podemos cambiar nada de lo sucedido y surgen las preguntas ¿Qué lugar entonces para el destino? ¿Nos persigue un destino implacable? ¿Estamos condenados a una influencia demoniaca que nos rige? ¿No tenemos más sentido que el de víctimas? Repensando la pregunta ¿qué se necesita para que te saquen un billete?, respondo: se necesita suerte. Nosotros lo otorgamos un gran lugar al azar en vez del religioso que otros le otorgan al destino. Creemos en la sorpresa y en la coincidencia y por ese motivo hacemos de la casualidad que nos empuja algo tramado con el riesgo y el desciframiento. A la suerte y al destino le jugamos con un naipe obligado y sabemos que lo que está en juego en esas llamadas es el azar. Por eso, hemos elegido un tipo de defensa como respuesta a nuestros actos y a nuestros sueños, y que no se reduce ni al libre albedrío ni a la mera voluntad. Sabemos bien que siempre, siempre, hay una pérdida pero también sabemos que siempre, siempre, hay una alternativa, hay otra opción. En términos de justicia, elegir es tan delicado como no elegir y por eso hay tantos que juegan a conjugar como verbo el postergar. Desde este lugar de anclaje que implica este sorteo, estamos convencidos que podemos exigirle al destino algo diferente para México en materia de Justicia. Estamos obligados a transformar las marcas de nuestro destino en algo propio para comenzar a escribir una historia distinta y poder atravesar la tragedia por la que vivimos, hasta lograr que las miserias cotidianas adquieran otro valor y que la muerte que tan fuerte nos ha mordido, sea derrotada en el gesto de elegir el querer vivir.

Nosotros, con este billete, con este día, y con este gesto republicano y laico, nos hemos sacado ya la lotería. A partir de ahora seremos buscadores de capicúas, de guarismos que sumen trece, buscadores de que, más temprano que tarde, nos alcance el vuelo feliz del azar. Asumimos nuestro riesgo, dependemos de nuestra suerte, elegimos nuestra fortuna, asumimos esperanzados nuestras ganancias y nuestras pérdidas, porque sabemos que el juego no cesa de estar en el corazón.

El Instituto Mexicano para la Justica nace de preguntas complejas. Es un permanente esfuerzo por repensar interrogantes cruciales relacionadas con el problema penal: cómo castigamos al prójimo, cómo justificamos los castigos, con qué autoridad lo hacemos en una sociedad tan profundamente desigual, de qué asidero ético y moral nos aferramos para castigar como castigamos la protesta social.

México necesita urgentemente establecer una conexión mucho más significativa entre Derecho penal y democracia. Necesitamos cuestionarnos e interrogarnos, ahora que el mundo del duro, brutal e injusto Derecho penal, está en el límite de la justificación de una fractura social.

Llorar por los inocentes es fácil, cualquiera lo hace. Lo que nos define como individuos y como sociedad es nuestra capacidad de exigir dignidad y legalidad en el tratamiento de los culpables. El compromiso con el proceso civilizatorio es arduo y exige lo mejor de nosotros: respetar la vida hasta de los asesinos. Todo lo que no sea eso es demagogia.

Al Instituto Mexicano para la Justicia y a la Lotería Nacional les cuadra la frase de Don Julio Cortázar: “andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

Que el azar reparta suerte y que sea para todos.

Muchas gracias.