Pintemos Guanajuato

¡No te puedes perder la exposición/subasta: “Pintemos Guanajuato” de los 8 maestros pintores oaxaqueños: Abelardo López, Alfredo Canseco, Filemón Santiago, Israel Nazario, Eddy Martínez, Emiliano López, Francisco Monterrosa y Crispin Valladares y los invitados: Carmen Parra, Emiliano Gironella y Horacio Giron este viernes 14 de septiembre a las 6:00 pm en el IMJUS.

Pintando Guanajuato

O la gozona en El cerro de la rana

 

I

Ocho pintores oaxaqueños pertenecientes a una de las generaciones más significativas del arte actual mexicano se encaran a uno de los proyectos más nobles que se tenga registro: pintar Guanajuato. Oaxaca es una tierra bondadosa (significa en la nariz de los guajes) y compartir es un hábito cotidiano que se refleja en vocablos como tequio, guelaguetza o gozona. Octavio Paz inmortalizó su experiencia en Piedra de Sol cuando dijo «¿caminé por la noche de Oaxaca inmensa y verdinegra como un árbol hablando solo como el viento loco…?». Esta tierra le ha ofrecido al mundo las fibras más intimas de su múltiple cosmovisión. No es de extrañar que la invitación a pintar un pueblo hermano de sangre  haya caído en oídos receptivos y dispuestos. Crispin Vayadares, Eddie Martínez, Abelardo López, Alfredo Canseco, Filemón Santiago, Emiliano López, Israel Nazario y Francisco Monterrosa realizan una profunda y liberal interpretación del paisaje guanajuatense bajo el estilo de cada cual. Dicen los versos de Louise Glück que “no podemos poseer la tierra, solo experimentarla”. Con este enunciado qué mejor que experimentar la tierra con los poderes del arte. Experimentar es conocer, penetrar, sentir, ver, volcar el alma impertérrita en el prójimo, pisar la tierra, olerla, tocarla con los dedos, con el espíritu, reconocer con humildad que también somos polvo que camina. Polvo, eso sí, que piensa y crea. Cada uno de los artistas ha elegido un lindero místico, bucólico, monumental o histórico. Veamos.

II

Monterrosa propone una deidad salvadora como una alegoría de la profunda religiosidad popular. Tal como se ha dicho “la religión es una manifestación específicamente humana; no se da en ningún otro ser vivo sobre la tierra, solo en el hombre. El hombre es religioso no solo de hecho, como de hecho es rico o pobre, culto o analfabeto, sino de derecho, por exigencia de su mismo ser humano, racional, libre, capaz de trascender lo material que hay en sí mismo”. Su pintura está ambientada en una crónica particular de la independencia de México. Monterrosa imprime su particular sello a la trascendental escena: el arcángel Gabriel sale de un jarrón sagrado para ayudar al Pípila a incendiar la Alhóndiga de Granaditas. El triunfo lo sabemos resuelto por la corona de olivo que lleva el heraldo. El artista hace una metáfora de la victoria insurgente y el milagro revelado.

III

De manera similar Emiliano López elige un icono histórico de la región: el Cristo del Cubilete. En su pintura la estatua se alza imponente ante el paisaje sobre una cúpula de tierra donde árboles y matorrales reverdecen ante el árido contraste de las montañas circundantes. Al fondo, a la espalda del Cristo, la fuerza de un horizonte azul aturquesado ofrece una tranquilizadora esperanza. Semejante al himno oaxaqueño Dios nunca muere, en su canción Caminos de Guanajuato José Alfredo Jiménez inmortaliza el santuario de la montaña.  Emiliano López se une a la celebración con su pericia y deja constancia con un adagio de textura y color.

IV

Alfredo Canseco ha elegido el monumento –esculpido en cantera rosa– a un personaje de la memoria colectiva: El Pípila. Esta vez el artista toma por asalto una Alhóndiga imaginaria para conformar un discurso no insurgente sino estético, de aire surrealista, aunque de trasfondos cualitativos. Así lo manifiestan las coloridas casas que proyectan el sentir pacifista de un pueblo sencillo pero alerta. Nagual viviente de la emancipación y símbolo del génesis mexicano un águila sostiene una banderola donde se ha inscrito una sola palabra que es un derecho y fin último de los seres humanos: libertad. Asimismo el túnel de piedra es un testimonio del tiempo y la memoria indestructible de esta ciudad vital, Guanajuato.

V

Eddie Martínez propone una algarabía de imágenes cotidianas elevadas aquí a una fase conceptual. Hablamos de la metamorfosis que permite el arte al convertir objetos del orden habitual en elementos simbólicos de identidad popular y que luego, dispuestos en la pintura,  se logra una espléndida visión estética. De igual manera el manejo de estereotipos es elegante y sutil, de ahí por ejemplo, que esos bellos maniquíes nos trasladen, por decirlo así, a un instante de la calle registrado para siempre en la memoria de un niño. La saturación de figuras y cosas (animales, tazas, botes, sillas, etc.) nos desplaza igual a un día de mercado que a una colección de artículos en el almacén de una casa guanajuatense. Tenemos una pintura dinámica, un crucigrama visual que activa todos los sentidos, de intuición calculada, valga la paradoja.

VI

El artista de origen istmeño Crispín Vayadares hace gala en sus pinturas de un divertimento figurativo, lúdico y efusivo. Es una fiesta que sucede en escenarios anacrónicos e inverosímiles, digámoslo así por la extrapolación de elementos del mar hacia lugares extraños o surreales. El callejón del beso es en realidad un espacio a cielo abierto donde una mujer con atuendos istmeños se besa con un enmascarado al tiempo que bailan con las aletas y pantuflas puestas. En el plano de fondo está un cúmulo de casas sencillas. Hay juguetes por todos lados. Pareciera que dieran una exhibición de ingenuidad o una lección de alegría. El color los ampara. En el cuadro Jugando en los túneles contiene una jiribilla picaresca. Es el Santo de piel rosita ¿el enmascarado de plata? que corre como en aquel ring-ring-raja (tocar el timbre y correr) solo que trae consigo objetos absurdos: aletas, sombrilla, calzoncillos rojos, un oso de peluche. Entendemos que sale y se mete de un túnel a otro. El artista logra establecer una brillante ironía cuya apropiación sensitiva corresponde a cada espectador según sus vivencias.

VII

El paisajista contemporáneo Abelardo López nos invita a un día de campo por el notable Bajío guanajuatense “conformado por llanuras de aluviones profundos”. Pintura de campiña y malvas, de pastizales donde la cola de zorro, el popotillo y el zacatón ofrecen el lenguaje cadencioso de la fauna. Pintura de líneas delicadas como aristas de color que establecen la profundidad de un paisaje que se antoja vivísimo, generoso y productivo, tal como lo sintió el poeta López Velarde cuando dijo: «Patria: tu superficie es el maíz, tus minas el palacio del Rey de Oros, y tu cielo, las garzas en desliz y el relámpago verde de los loros». Las naturalezas colonizadas, como en este maizal  de Abelardo López, son un poema visual inspirado en la caleidoscópica llanura mexicana. Un canto telúrico a Guanajuato.

VIII

Israel Nazario es un artista del paisaje. Se trate de paisajes aéreos, fluviales o naturales describe contextos con gran contenido plástico, atizados de pormenores y que influyen en el estado anímico del pasajero en la sala. Puede reflejar en su pintura una soledad intrínseca, de ansiedad primigenia, o bien, aflorar el recuerdo vivo de una experiencia geográfica del individuo. Nazario invita a la contemplación más introspectiva al participar en esta exposición con la pintura de un mezquite (símbolo de sobrevivencia en los lugares áridos y un ejemplar generoso que todo lo ofrece: sombra, flores, semillas, madera y su humo como singular sainete).  En el cuadro de Nazario éste árbol es un protagonista solitario y sabio; lo rodea el silencio, tal vez el aire comparte su secreto:
«… Amanece
en la noche del cuerpo.
Allá adentro, en mi frente,
el árbol habla.
Acércate, ¿lo oyes?»

IX

Cierra este texto de sala la obra de Filemón Santiago. Artista fundamental en este homenaje a Guanajuato propone una pintura llena de sentimientos febriles y lecturas de recuerdos cruciales, dolorosos, como la siempre abominable condición de los mineros. La pintura de Santiago son un timbre a los nervios de la conciencia colectiva y a la desmemoria de la cornucopia del poder. Pero su obra es también una vindicación al trabajo de estas familias mexicanas que se han tiznado las manos con honor y valentía. Que han muerto pero viven. Que no son invisibles. Que están en tregua, atentos al sonido de la trompeta liberadora. Arrodillados, no vencidos. Al fondo de la pintura hay una panorámica parcial de la emblemática ciudad. En el horizonte se aprecia la tarde cayendo amarilla, eterna sobre el lomerío.

X

Pintando Guanajuato es una gozona de arte inspirada en nuestra hermandad nacional. El irreductible Nigromante pronuncio en una memorable ocasión: “¿De dónde venimos? ¿a dónde vamos? este es el doble problema cuya resolución buscan sin descanso los individuos y las sociedades; descubierto un extremo se fija el otro; el germen de ayer encierra las flores de mañana…”.  Pintado Guanajuato es el germen de aquel mañana que es ahora, un guiño del espíritu, un placer humano, los privilegios de la vista

 

Edgar Saavedra